La caja negra by AA. VV

La caja negra by AA. VV

autor:AA. VV. [AA. VV.]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Relato, Ciencia ficción
editor: ePubLibre
publicado: 1983-12-31T16:00:00+00:00


5. Con las cartas al descubierto

Con la cabeza gacha Polynov, cansado y arrastrando los pies, se dirigió al comedor. El juego del gato y el ratón continuaba y él respondió con la única jugada posible. Que Huysmans se alegre al ver su perplejidad. Que todo el mundo vea cómo Polynov se arrastra hacia el tugurio que le han señalado.

En una de las mesitas tenía servida la comida. En el comedor no había nadie más. Este tenía otras dos salidas, pero ambas resultaron cerradas herméticamente. Lo principal en el comedor consistía en el ascensor para los platos. Una especie de bandeja con articulaciones se desplazaba de arriba abajo. Polynov comprobó el mecanismo, desviando hacia abajo la «bandeja» hasta el tope, pero no sucedió nada. Seguramente, la cocina se encontraba sobre el comedor y los platos bajaban por una escotilla directamente a la «bandeja», de modo que los comensales pudieran servirse ellos mismos. Una automatización rudimentaria, que testimoniaba, sin embargo, que no estaba destinada únicamente para él. Por lo visto, existían causas serias para limitar el tiempo de su comida; al parecer, los carceleros estaban muy lejos de tener el deseo vehemente de ofrecerle la oportunidad para encontrarse con alguien en horas de la comida. No obstante, los pacientes podían visitarlo sin impedimentos, y en el pasillo, tarde o temprano toparía con alguno de los vigilantes. Esto significa que aquí traían a los reclusos. Y se tomaban todas las medidas para que no se vieran unos a otros.

Polynov estaba tan ocupado con sus pensamientos que no percibía el sabor de la comida. Cada persona, en una u otra medida, se concibe como el centro del Universo. No hay que caer en el error, no. Es poco probable que todas estas artimañas estén dirigidas tan solo contra él. Esto, simplemente, sería poco eficiente. No, aquí funciona un sistema creado de antemano y destinado a ejercer presión sobre la personalidad. De discurrir tranquilamente, se pueden destacar sus peculiaridades primordiales. La apariencia de una fuerza demoledora e irresistible, obligatoriamente; el misterio que envuelve la acción de esta fuerza, indispensablemente; y, por supuesto, la aplicación de la política del látigo y la añagaza. Hay que amedrentar a la víctima, nublarle los sesos, hacerla perder la cabeza, aplastarla, y, acto seguido, echarle un cebo. Que, de entrada, se decida a una pequeña transacción con su conciencia. A continuación se le exigirá una traición a mayor escala. Y este será el fin: el sistema ha funcionado.

Lo primero, al parecer, se ha hecho: dio su consentimiento de prestar asistencia médica a los bandidos. Y se ha hecho de una forma muy hábil. El adversario se aprovechó del propio plan de lucha de Polynov. Como se dice: «El comer y el rascar, todo es empezar». ¡Es tan viejo como el mundo!

Y ahora procuran que él se desespere a causa de la incomprensión, que tome conciencia de su propia impotencia, que se embrolle en conjeturas. Pronto, le deberán ofrecer una nueva transacción con su consciencia, más espantosa que la primera. Y



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